

Publicación declarada de Interés Turístico
Resolución 0231/01 Mar del Plata
Edición mensual de distriución gratuita en comercios adheridos
Director: Teodoro Penoff
Secretaria de Redacción: Ing. Marcela Elisabeth
Relaciones Públicas: Alicia Demicheli
Edición gráfica: Gráfica G&G
Edición Internet: Info 19
Diagramación: TP Producciones
Redacción:
TE/Fax:
(54-223)475-1420/
(54-223)538-5008
alternativadeportiva
![]()
alternativadeportiva.com
Editada en Mar del Plata, Rep. Argentina.
Prohibida la reproducción total o parcial del material y diseños de este ejemplar, salvo que sea citada la fuente de origen.
Registro de la Propiedad Nº: 2338268
Historias de pescadores
PARA EL MAR Y MIS HIJAS
![]()
Me acerqué a ti, seguramente con temor, allá por el ‘46, primeros chapoteos en tu orilla reflejados en fotografías sepiadas por el tiempo. Quisiste cuidarme cuando la inconciencia y el arrojo de la adolescencia me llevaba, junto a un par de compinches a desafiarte, internándonos mucho más de lo aconsejable.
![]()
Fuiste testigo de efímeros romances veraniegos, de los casi dos años de noviazgo oficial, y de los primeros almuerzos con arena incluida, de nuestras hijas.
Te vi, años atrás, en las suaves playas de Pinamar, acunando en ese vientre hinchado de ocho lunas, la futura vida de Mariana.
Te vi entrando como pidiendo permiso por la boca de Mar Chiquita, y en un dejo de egoísmo querer apropiarte de la inocencia de tres criaturas que jugaban contigo. ¡Gracias a Dios te arrepentiste!. Allí, en ese momento hicimos un pacto, ¿lo recuerdas?. Te vi burbujeando y decorando con espuma y sal las tosqueras de Arenas Verdes, Mar del Sur y Centinela. Te vi en la amplitud de Reta, Marisol y Claromecó bañando en sus orillas millones de almejas que te ofrecían agradecidas un show eterno de aguas danzantes.

Te vi en la bahía de San Blas, custodiado por astutos tiburones, y en San Antonio, hurgando con diminutas olas en busca de escurridizos monstruitos apetecibles para la cacerola.
Te vi ingresando por las rías de Santa Cruz, Gallegos y Deseado sacando de su letargo a impacientes capitanes. Te vi vigilado por el Faro de Cabo Vírgenes, dejar al descubierto una alfombra oscura de cholgas y mejillones. Y regresar con cada marea hasta explotar con desatada fuerza contra el barranco, límite entre lo real y lo incomparable.

Te vi en diáfanos amaneceres convertirte en un gran espejo dorado, cuando desde el naciente asoma el señor de toda la vida, subiendo por una escalera de estrellas casi apagadas.

Te sigo disfrutando, agitado o calmo, turbio o transparente, con corderitos (por los vientos del Este) y hasta con furiosa sudestada.
Te veo y cada vez que lo hago, te recuerdo. Te debo mis cenizas, por haberme devuelto tres sirenas.
Por Mario Urbani, de Mar del Plata