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Historias de pescadores

Grande Leo

Por Leo, Ecologista

Llegué a media mañana a la escollera norte del puerto. El recorrido hasta mi punto de pesca fue, como siempre, deprimente. Los residuos que vamos dejando los pescadores en espigones y escolleras van en aumento: latas de bebidas, botellas, latas de ceba, paquetes de anzuelos, madejas de nylon, bolsas de plástico, bolsas con basura. No me lo explico, alguien se molesta en meter todos los residuos en una bolsa y luego, deja la bolsa entre los bloques de la escollera.

Al final del espigón, cerca del morro, vislumbré las puntas de varias cañas, por lo que desistí en seguir sorteando rocas y basura. Adecué mis trastos a la orografía del terreno y saqué de mi mochila un paquete de bolsas de basura. Había decidido salirme de la rutina de una jornada de pesca normal, en lugar de recoger basura al final de la jornada, lo haría durante ella. Un total de diez bolsas llenas en menos de media hora. "Sos un grasa, Leo" me dije, ¿qué vas a hacer ahora con todas las bolsas?.

Tras unas ligeras cábalas pensé que, cargando con todos mis trastos más las diez bolsas y caminando en un terreno accidentado, el regreso iba a ser arduo, por lo que decidí hacer varios viajes con las bolsas de basura, hasta el contenedor que hay del lado interno, junto a los barcos poteros. Pasado un tiempo, que no me pareció más de dos horas, terminé con mis idas y venidas y pude por fin, dedicar mi tiempo en pescar, o en intentarlo, que es más correcto. Sentado en mi silla, me encendí el primer cigarrillo de la jornada e hice mi primer lance, la boya voló unos veinte metros, tocó el agua, se estabilizó y desapareció bajo el agua.

Sorprendido, elevé mi caña y noté el tirón, ¡había picado!. Pasado un corto período asomó entre aguas una hermosa palometa, la saqué del agua y al desanzuelarla caí en la cuenta. ¡Bien, loco!, ¿y ahora, dónde coño la meto?, había gastado todas las bolsas en recoger la basura y ahora no tenía donde meter las capturas. Con el pez en la mano miré alrededor, intentando encontrar una de las cientos de bolsas que hay desperdigadas, pero no había ninguna.

Recordé que en mi mochila quedada una bolsa, la del reel, así que la usé para meter el pez, no sin antes quitarle la vida. Odio ver como los pescadores aumentan el sufrimiento de los animales, metiéndolos vivos y dejando que mueran asfixiados.

Bien entrada la tarde, con cuatro hermosos peces en la bolsa, mi estómago reclamó combustible así que, me preparé un "zanguchazo" de salame y queso de máquina regado con una, tan sólo una, cervecita fresca.

Tras acabar el bocadillo hice intención de encenderme un cigarrillo, pero refrené mi primer impulso y dejé, durante un buen rato, que mi sentido del gusto trabajase con los últimos efluvios y aromas del salame, pasado ese efecto postgusto, y no antes, fue cuando me encendí el cigarrillo. Unas horas, no más de tres, después, el mar comenzó a hacer de las suyas, se encrespó primero y se enrabietó después, por lo que tomé la determinación de recoger y marcharme antes de que una ola me empapase. Recogí mis trastos tan rápidamente como me fue posible e instintivamente comencé a recoger la basura generada en mi jornada de pesca, un par de latas de ceba, un par de bolsas de carnada, un par de latas de cerveza, otro par de latas de cerveza, puchos, y demás residuos que por diminutos no voy a mencionar.

Cuando lo tuve todo reunido, comenzó a llover, la urgencia del momento me hizo pensar rápido. Tan sólo tenía una bolsa así que metí la basura junto con los peces y la vaciaría al llegar al contenedor. Arreció la lluvia y el mar ser enloqueció, por lo que el agua me llegaba desde el cielo y desde tierra, empapado llegué a la altura del contenedor, arrojé la bolsa al más puro estilo Ginóboli y, ya en terreno llano, corrí tan rápido como mis piernas y mi edad me permitieron.

Empapado hasta la médula, en ese estado fue como llegué a casa. Recuperé el aliento, me despojé de la mojada indumentaria, tomé la mochila y me encaminé a la cocina para limpiar los pescados. ¿¡Los pescados...!? ¡¡¡La madre que te parió, Leo...!!!

 

¡Qué tiempos aquéllos!

¿Te acordás hermano?

Por Juan Carlos Russo (Bragado)

Tengo 66 años de edad y desde muy pequeño me enseñaron a practicar el noble deporte de la pesca, y a través de los años fui aprendiendo consejos de viejos pescadores, como también de mis abuelos y mi padre. En aquellos años las lagunas en la zona de Bragado estaban super pobladas por diferentes especies de peces en donde se encontraban pejerreyes, bagres, dentudos y tarariras. La vegetacion dentro de estos espejos era muy abundante con juncales, totorales y gamba rusa entre otros, y aguas muy claras, lo cual permitía que proliferaran las distintas especies de peces. Con el correr de los años fui notando que aquellas aguas claras se ponían cada vez más turbias, en los arroyos la vegetación era más escasa.

Las extensiones de campos de la zona en aquellos años donde la ganadería tenía papel preponderante pasó a estar relegado por la siembra de granos, que con el correr de los años fue intensificándose y se empezaron a usar productos agroquímicos con gran poder residual, lo cual también afectó a este ecosistema. Juntamente con esto vino también la desaparición de grandes bajos naturales los cuales fueron canalizados para aprovechar más las tierras para la siembra. Después vinieron grandes inundaciones, las que también afectaron el ecosistema.

El río Salado, gran vivero de peces de la provincia de Buenos Aires, entrega en su curso de Norte a Sudeste, a los espejos de agua gran diversidad de especies de peces conocidas pero también vino de la provincia de Córdoba el pez llamado “pez carpa” el que fue traído del continente asiático años atrás en el gobierno del presidente Roca, quien en estanques de su estancia " La Paz " reprodujo esta especie para luego llevarla a diques y arroyos para su mayor proliferación, resultado que se vio, con el correr de los años, en todos los cursos de agua dulce de varias provincias, no teniendo en cuenta que con el paso del tiempo esta especie provocaría grandes problemas para la reproducción de otros peces, como así también para la vegetacion acuática.

Por todos estos factores hoy nuestras lagunas presentan problemas con su fauna y vegetacion acuática. Quiera Dios que en el futuro esto se revierta y podamos disfrutar de las lagunas de aquellos años, donde reinaba una gran paz acuática.

Cuando Dios creó la luz, yo ya debía tres facturas