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HISTORIAS DE VIDA
Por Teodoro Penoff .
PESCANDO PIEZAS DE MAYOR PESO
Cierta vez, con un grupo de amigos nos fuimos de pesca. Como no había mucho pique, por no decir nada, nos pusimos a degustar un exquisito ron de un garrafón que había comprado uno de los vagos. Bueno, se acabó el garrafón y cada cual como pudo se fue reptando hasta su lugar de pesca, donde las líneas se mantenían al acecho de cualquier víctima que lo notara.
Como a las doce de la noche, en medio de una gran oscuridad (cuarto menguante), uno de nosotros (yo) en medio del mareo, nota que su compañero más cercano está trenzado con tremenda bestia, por los cañazos que le daba al nylon del 050 Ø, se podía ver que enganche no era, pues se notaba que mediante el gigantesco esfuerzo desplegado por el pescador, la presa cedía y se acercaba a la orilla con un lento, pero seguro avance.
A los 20 minutos más o menos, el resuello de mi compañero extenuado me indicó que era la hora de brindarle mi ayuda, y reptando nuevamente en 4 patas me acerqué a donde estaba parado. Ya no tenía fuerzas, pero el nylon indicaba que la presa estaba cerca de la orilla, justo al pie de la barranca.

Poco a poco, las líneas de flote con 5 anzuelos y brazoladas de entre 3 cm y 7 cm. encarnadas con corazón y peceto coloreado, fueron cayendo al agua. Cerca había una tercera embarcación con turistas de Bs. As. que habían entrado bien temprano.
Todos mirábamos de reojo a los demás botes pero no se veía levantar nada, los piques no se daban, a pesar de ver lisas dando vueltas alrededor de las líneas. Comenzamos a separarnos, el viento y la lluvia arreciaban por momentos con gran intensidad. Las condiciones para pescar lisas no podían ser peores, pero igual nos mantuvimos firmes a bordo. Como el nivel de agua era bajo, “Lu” se bajó del bote para llevarlo a remolque hasta cerca de la orilla.
Todos buscamos el pique con ahínco; cambiamos líneas con boyas de diferentes colores, combinamos carnadas, pero las lisas nos ignoraron olímpicamente. Mientras tanto los pejerreyes se dedicaron a “limpiarnos” los anzuelos con encarnizada persistencia, pero no habíamos ido por ellos. A las 19:00 decidimos llamarnos a retirada con un magro resultado: entre los 4 apenas pescamos 5 lisas; y pensar que un par de días antes todo el mundo salía con alrededor de 10 o 15 piezas cada uno.
El viento nos jugó una mala pasada y ese día la pesca no fue ni siquiera pasable, pero creo que bien vale la pena hacer el relato de una jornada lamentable y mantener vivo el realismo en los artículos periodísticos sobre pesca deportiva ya que no todas las salidas pueden ser exitosas. Los pescadores sabemos que nuestra actividad no es una ciencia cierta, sabemos que los fracasos suelen superar a los éxitos, y a nosotros ese día nos tocó uno de esos.
La pesca no fue buena y habría miles de excusas para justificarlo, incluso los 3 muchachos del otro bote apenas si lograron 2 piezas, pero lo tomamos como un reto. Por eso decidimos tomarnos revancha a la brevedad y si nos va bien haremos lo que todos: lo desparramamos a los cuatro vientos todos chochos..!
