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La política es como las alpargatas, da lo mismo la derecha que la izquierda
Lo importante no es ganar. Lo que importa es competir sin perder ni empatar

Martín Pescador

Enviado por Pablo Luppi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Autor: Fabián Belo (James Mustaine)

Línea de dos anzuelos, terminación de la caña de fibra de vidrio de cuatro metros. Plomada de varios gramos en forma de torpedo. Encarnó cada anzuelo con tres langostinos y un trozo de calamar a modo de guinda, como postre. Dio el giro reglamentario para liberar el reel e incursionar el agua con provocativo envite para presas ansiadas. Sin mucha potencia, en aguas cercanas.

Se retiró unos pasos hacia atrás y colocó la caña en el haragán que también soportaba el resto del aparejo; mucha más carnada, hilo de coser, cuchillo de caza y baterías de repuesto para la linterna de cabeza. Se dejó caer en silleta de acero inoxidable y con gesto responsable escudriñó la noche en busca del horizonte, dejó su mano derecha al acecho de vibración premiadora en la base de la caña.

En los noventa minutos siguientes repitió la misma operación unas ocho veces sin resultado. Todo indicaba que ese día toda captura le sería negada. Insistente. -Ya es hora de marchar, -le dijo esa conocida voz por la espalda. -Está bien, ya voy; déjame un minuto más que ahora seguro sale, -replicó proféticamente. Y el augurio se hizo realidad, se cumplió su vaticinio; con frenesí de cazador triunfante recogía el reel y todo el nylon suelto que en su extremo desnudo descolgaba peso. Presa conseguida.

Al tenerla en su poder, antes que nada la admiró en silencio, la tocó y hasta quiso besarla, pero reprimió su deseo. La desenganchó dejándola a buen recaudo. Recogió los bártulos pesqueros y con el botín en mano alzada se encaminó a la voz diciendo: -Lo he recuperado doctor. Ha llevado mucho tiempo, pero lo he conseguido. El doctor lo felicitó, le dio unas palmadas a la espalda y lo acompañó hasta dentro del psiquiátrico donde alguno de los internos se pondría más que contento por recuperar su calcetín perdido en la piscina. Martín no esperaba ninguna gratificación, tan sólo pretendía que lo dejasen salir de pesca dos veces por semana.

 

El hombre que no tiene suerte con las mujeres, no sabe la suerte que tiene