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Cuando yo monto mi pingo, ni las moscas se me acercan

Relámpago Azul

Surge de entre algas de melenas verdes mecidas por las corrientes. Un relámpago azul en medio del azul. Nada en zigzag hendiendo el agua y atrapa, entre sus cinco pares de branquias, el oxígeno disuelto. Ni un latido de más perturba su corazón. Solo busca. Busca un rastro, una traza que señale el camino al alimento para calmar su hambre atávica que comenzó en el devónico. Al igual que la de sus ancestros, su alma es oscura y prehistórica. Con un espasmo del flanco espanta a la rémora, fiel servidora, que huye pero vuelve, conocedora de los códigos simbióticos que los hacen pareja y, que sabe, serán respetados. Nadando en círculos baja en ancha espiral hasta casi rozar el vientre pálido contra el fondo arenoso del Pacífico. Sigue en loca búsqueda, acecha. Cruza con sigilo una formación rocosa tan antigua como él. De pronto algo perturba sus sensores: una ínfima y remota posibilidad. El hocico entrenado atrapa la sustancia que el agua trae a sus sentidos. Reconoce el dulzor, la densidad.

Cierra las branquias y se lanza con furiosa pendiente hacia su objetivo del que ya percibe sus movimientos en la superficie. Sigue la señal que distingue entre miles: hay sangre caliente que entibia el agua fría. No es la injuriosa maldad sino el instinto -o tal vez el amor- lo que acelera su velocidad hacia la presa, hacia la fuente de ese flujo oscuro que despierta su ferocidad siempre alerta. Su piel rugosa hiere el agua. Certero se lanza sobre el humano que estúpidamente se habrá raspado el pie contra las rocas sin siquiera sospechar que la sangre que brota blandamente de la carne llama a su propia muerte vestida de azul.

* Rosario Collico Oceanógrafa, profesora de matemática, escritora rcollico@yahoo.com.ar

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En algún lugar

Algo de pesca hay

Por: Arturo Benítez Rey

 

Salimos de La Plata hacia la costa para hacer una jornada de pesca que prevemos será desde las 9:00 hasta las 17:00 horas, lo que quiere decir que tendremos 8 horas para intentar hacer unas buenas capturas. Los pronósticos para el mar son muy buenos, llegamos con creciente y a partir del mediodia bajaría bastante; en este caso las previciones se cumplirán con mucha exactitud. Llegamos a la playa a las 9:00 en punto y mientras yo voy a revisar las carnadas, Blanco y Páez preparan las cañas y las líneas. Cuando llego ya está todo preparado y al momento nos dirigimos hacia la orilla a efectuar los primeros lances. Yo le digo a Blanco que echemos unas líneas cerca de la orilla, ya que el sábado anterior esto nos había dado un buen resultado

. Teníamos 5 cañas montadas y las líneas en el agua con lances a diferentes distancias. Nos pusimos a preparar el mate con toda parsimonia, con la mirada recorrimos la playa y durante un largo rato no tuvimos ni un pique, la idea de ir hacia esa zona es más una estrategia para estar tranquilos que lo que se pueda pescar, ya que nuestro objetivo es pasarla muy bien. Cerca de las 11:30 nos vienen ganas de ponemos a almorzar.... viendo que a lo lejos todos los demás pescadores fueron tomado rumbo contrario al nuestro y se van a la conocida... no voy a revelar dónde.

 

 

Allí se suelen dar buenos palometones y negras, pero nosotros teníamos otras ideas. Cuando ya no tengo a nadie a la vista pongo una carnada bien generosa y nada más llegar la línea al agua tengo un hermoso pique. Son las 12:30 del medio día y ya tenemos nuestra primera corvina.

Con tripa vacía no hay alegría

 

Blanco toma su caña y trabaja un chucho a la perfección y con mucho cuidado ya que estos peces en los últimos tramos suelen cortar las líneas; después de unos minutos ya está cerca y vemos que se trata de un ejemplar de muy buen tamaño que puede estar rondando los 9 kilos, acercándolo a la orilla, de una certera bichereada lo sacamos. Yo hace mucho que no veía un chucho tan grande en esa playa ya que en los últimos años todos los que se capturan allí suelen tener entre uno y cinco kilos.

El grupo se va alegrando, porque sabemos que después, al cruzarnos con algunos otros colegas vamos a tener la pieza mayor, así que en verdad, desde tierra y lanzando con caña no pueden igualarnos. Escuchamos por una emisora local que un semirrígido llevaba dos bacotas y otro barco llevaba un cazón, eso quiere decir que en cualquier momento podemos tener a tiro de caña un escualo...

Nosotros seguimos tranquilos y los piques van llegando cada tanto, así conseguimos varias corvinas y peces elefante de unos cuatro kilos; también perdimos dos ejemplares de similar tamaño. Sabemos que ahora el mar comienza a bajar y a ponerse difícil porque los peces dejan de picar. Hace rato que pasó el mediodia pero decidimos seguir comiendo y ahí es cuando tenemos una tremenda corrida y nos damos cuenta de que se trata de un cazón, el pique es muy distinto al del chucho, pero nada más tomar la caña el animal cortó todo y nos dejó con las ganas.

Siendo ya las 4:00 de la tarde vamos guardando los pertrechos y le comento a mis compañeros: “ese último pique no fue casualidad, fue un desafío para que el próximo fin de semana volvamos aquí”.