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A buen vino, buen vecino
No hay mal que por bien no venga; lo dijo una vieja renga

Leyendas de navegantes

El Caleuche

Un buque navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur. Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. Tiene alumbrado y velamen color rojo, por andar tripulado por brujos. Por lo general, en su derrotero no cesa a bordo la música. Se oculta en medio de una densa niebla, que él mismo produce y jamás navega a la luz del día. Si casualmente alguna persona que no sea bruja se acerca, éste se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible.

Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas. Se aseguran que los tripulantes tengan una sola pierna para andar y que la otra esté doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y a brincos. Todos son idiotas y desmemoriados para, de ese modo asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo. Al Caleuche no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan al que lo mira volviéndoles la boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándoles de repente, por arte de brujería.

El que quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe procurar que los tripulantes no se den cuenta de su audacia. Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con la sola condición: no divulgar lo que ha visto.

Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él. Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer navegación submarina y aparecer en el momento preciso donde se le necesita para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de eterna mansión. Cuando el Caleuche necesita repa-rar su casco o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, en altas horas de la noche, procede al trabajo. Es el buque de los brujos, que anda por debajo de las aguas en el mar.

Este buque arriba de preferencia a tres puertos que son: Llicaldac, Tren-Tren, en la costa del departamento de Castro, y Quicaví, donde esta la cueva y la corte del rey de los brujos. El rey de la cueva abandona su caverna y monta en un Caballo Marino, que avanza con más velocidad que el Caleuche, para cruzar las olas y subir a su barco de los espíritus. El Caleuche tenía por esposa una loba, que fue muerta por unos pescadores en la Isla de Tenglo, frente a Puerto Montt. Muy enojado el Caleuche por esto, juró vengarse, mandando a Puerto Montt grandes males, y robándose a la niña más bonita del puerto. Se sabe que los males fueron erupciones del volcán Calbuco y unos incendios que consumieron propiedades.

Hace algunos años salió de la villa de Chonchi una esbelta chalupa tripulada por varios vecinos y dirigida por un joven muy conocido, hijo de un respetable habitante del lugar. La chalupa no volvió más. Cuando al padre le comunicaron los temores que había en el pueblo sobre que la embarcación hubiera naufragado, se limitó a sonreír de una manera extraña y significativa. Aquella sonrisa fue para los inteligentes una revelación: el hijo, a no dudarlo, se hallaba a salvo y seguro a bordo del Caleuche.

Desde ese día el padre comenzó a enriquecer rápidamente, y varias noches se oyó arrear cadenas al pie de la casa del afortunado comerciante: era el Caleuche que desembarcaba furtivamente cuantiosas mercaderías. Cuando un comerciante hace una rápida fortuna, es por que mantiene ocultas relaciones con el Caleuche.